ES LA LUZ

Mateo 6,34-44

. En este tiempo de Epifanía, hoy la palabra de Dios nos presenta a Jesús como el profeta como que se compadece de las multitudes y que sacia su hambre tanto de la palabra como del pan: “se compadeció de ella”, nos dice San Marcos, y nos descubre a este Mesías que en lo más íntimo de su corazón siente la miseria y el dolor humano y asume un compromiso amoroso con los que sufren cualquier tipo de injusticia o de marginación.

. Es un Mesías que viene ciertamente a resolver y liberar de la opresión, pero en este mismo relato nos presenta las condiciones que pedirá a sus discípulos: “Dadles vosotros de comer”. Para hacer posible la construcción de su Reino requiere la participación responsable de todos los hombres.

. En la primera lectura se nos habla del Dios de Jesucristo: “en esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él”. El Dios que es amor se ha manifestado en Cristo. Es el Dios encarnado en la vida, hecho amor concreto para todo tiempo y para toda cultura… Y desde la vivencia a fondo de ese Dios encarnado y su Evangelio, surge una fraternidad universal, más allá de orígenes y razas, que desde abajo atiende a todos. Es lo que se ejemplifica en el relato del Evangelio de hoy.

. Y Jesús cuenta con nosotros para hacer llegar ese pan material a todos. Tenemos la certeza de que Dios nos ama, pero la única manera de manifestarlo es amando.

Este rostro de Jesús que se compadece de todos los hombres nos lleva a nosotros también a una auténtica con-pasión, sentir con los hombres, amar con los hombres y compartir con ellos.

ES LA LUZ

Mateo 4,12-17.23-25

Estamos en el tiempo de Epifanía y los evangelios contienen diversas manifestaciones del Señor. Ayer, Cristo se manifestaba como luz y como rey mesiánico a los paganos, representados por los magos de Oriente.

En el evangelio de hoy, inicia Jesús su ministerio profético a partir del arresto de Juan el Bautista por Herodes. Después de su bautismo y de las tentacioneds del desierto, vuelve Jesús a Galilea y dse establece en Cafarnaún. Así se cumplió la Escritura: “País de Zabulón y Neftalí, Galilea de los Gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande…”Comienza la manifestación del Mesías no solo a los judíos, sino también a ls paganos que vivían en la zona fronteriza de Galilea.

San Mateo resume la predicación y la actividad de Jesús; primero concentra su mensaje en el anuncio de la conversión ante la presencia del reino de Dios que Cristo inaugura  en su persona, y condensa su  acción en favor de los enfermos  y necesitados.

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EL PAPA EN EL REZO DEL ÁNGELUS

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Celebramos hoy la solemnidad de la Epifanía, es decir, la manifestación del Señor a todas las gentes: en efecto, la salvación realizada por Cristo no conoce confines, es para todos. La Epifanía no es otro misterio, es siempre el mismo misterio de la Natividad, pero visto en su dimensión de luz: luz que ilumina a cada hombre, luz que hay que acoger en la fe y luz que hay que llevar a los demás en la caridad, en el testimonio, en el anuncio del Evangelio.

La visión de Isaías, recordada en la liturgia de hoy (cf. 60,1-6), resuena en nuestro tiempo más actual que nunca: «La oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos» (v. 2). En este horizonte, el profeta anuncia la luz: la luz dada por Dios a Jerusalén y destinada a iluminar el camino de todos los pueblos. Esta luz tiene la fuerza de atraer a todos, cercanos y lejanos, todos se ponen en camino para alcanzarla (cf. v. 3).

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ES LA LUZ

Juan 1,43-51

. El evangelio de hoy continúa el tema de las primeras vocaciones de los discípulos de Jesús. El evangelista da un tono especial a estos encuentros de Jesús con sus primeros discípulos. “Sígueme”, le dice a Felipe “que era de Betsaida”, y éste no sólo le sigue sino que además, “encuentra a Natanael y le dice: ”Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley, y los Profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret”.

. Estos detalles que cuenta San Juan están indicando una cercanía de vecindad, de tal forma que responde Natanael: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” La reacción es parecida a la de los vecinos de Nazaret que se extrañaban de lo que decía Jesús. Ante esta indiferencia o incredulidad Felipe insiste: “Ven y verás”.

. Y aquí entra en escena Jesús: “Vio que se acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. ¿Qué quiere decir Jesús? Un verdadero israelita significa un hombre justo que conoce la Ley y los Profetas y cumple en conciencia los mandatos de Dios. Y, además, es un hombre cabal, “sin engaño”.

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ES LA LUZ

Jn 1,35-42

Seguimos celebrando la Navidad y estos días tienen todo el sabor de presentación de Jesús, de acercamiento a su persona y de descubrir más este gran misterio.

“Este es el Cordero de Dios”, dice Juan, el Bautista, y vemos cómo dos de sus discípulos lo oyen, siguen a Jesús y serán los primeros discípulos de Jesús.

De este evangelio siempre me ha llamado la atención la frase que deja caer san Juan (uno de los discípulos del Bautista que sigue a Jesús): “era como la hora décima”.La experiencia de aquel día, vivido junto a Jesús, fue tan gozoso que corren a comunicarlo a los demás. “Hemos encontrado al Mesías”, dice Andrés a su hermano Pedro.

Hay dos personas que buscan, y alguien que anima esa búsqueda: Juan apunta hacia el Mesías ante sus dos discípulos, de una manera tal que despierta su búsqueda. En esa búsqueda, comienza el tiempo de las preguntas, Jesús pregunta a los dos discípulos; ellos le preguntan de nuevo…

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ÁNGELUS DEL PAPA

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En este segundo domingo después de Navidad, la Palabra de Dios no nos presenta un episodio de la vida de Jesús, sino que nos habla de Él antes de que naciera. Nos retrotrae para revelar algo sobre Jesús antes de que viniera entre nosotros. Lo hace sobre todo en el prólogo del Evangelio de Juan, que comienza: «En el principio era el Verbo» (Jn 1,1). En el principio: son las primeras palabras de la Biblia, las mismas con las que comienza el relato de la creación: «En el principio creó Dios el cielo y la tierra» (Gn 1,1). Hoy el Evangelio dice que Aquel que hemos contemplado en su Natividad, como niño, Jesús, existía antes: antes del comienzo de las cosas, antes del universo, antes de todo. Él está antes del espacio y el tiempo. «En Él estaba la vida”» (Jn 1,4) antes de que apareciera la vida.

San Juan lo llama Verbo, es decir, Palabra. ¿Qué quiere decirnos? La Palabra sirve para comunicar: no se habla solo, se habla con alguien. Siempre se habla con alguien. Cuando vemos por la calle gente que habla sola, decimos: “A esta persona le pasa algo”. No: nosotros hablamos siempre con alguien. Así pues, el hecho de que Jesús sea desde el principio la Palabra significa que desde el principio Dios se quiere comunicar con nosotros, quiere hablarnos. El Hijo unigénito del Padre (cf. v. 14) quiere decirnos la belleza de ser hijos de Dios; es «la luz verdadera» (v. 9) y quiere alejarnos de las tinieblas del mal; es «la vida» (v. 4) que conoce nuestras vidas y quiere decirnos que las ama desde siempre. Nos ama a todos. Este es el mensaje maravilloso de hoy: Jesús es la Palabra, la Palabra eterna de Dios, que desde siempre piensa en nosotros y desea comunicar con nosotros.

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ELPAPA EN EL REZO EL ÁNGELUS

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz año!

Empezamos el nuevo año poniéndonos bajo la mirada materna y amorosa de María Santísima, que la liturgia hoy celebra como Madre de Dios. Retomamos así el camino a lo largo de las sendas del tiempo, encomendando nuestras angustias y nuestros tormentos a Aquella que todo lo puede. María nos mira con ternura materna, así como miraba a su Hijo Jesús. Y si nosotros miramos al pesebre [se gira hacia el pesebre colocado en la sala], vemos que Jesús no está en la cuna, y me dicen que la Virgen ha dicho: “¿Me dejan tener en brazos un poco a este hijo mío?”. Y así hace la Virgen con nosotros: quiere tenernos entre los brazos, para cuidarnos como ha cuidado y amado a su Hijo. La mirada tranquilizadora y consoladora de la Santísima Virgen es un estímulo para que este tiempo, que nos ha dado el Señor, sea dedicado a nuestro crecimiento humano y espiritual, sea tiempo de suavizar los odios y las divisiones — hay muchas— sea tiempo de sentirnos todos más hermanos, sea tiempo de construir y no de destruir, cuidándonos unos a otros y de la creación. Un tiempo para hacer crecer, un tiempo de paz.

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ES LA LUZ

Juan 1,1-18

31 de diciembre, último día del año, terminamos la octava de Navidad, y lo hacemos leyendo el prólogo de san Juan, que condensa la historia del Dios-con-nosotros. Este prólogo es un pozo sin fondo, por mucho que saquemos de él nunca se agotará. Hoy subrayamos la idea central: que la Palabra (el Verbo) se vuelca en la humanidad, se hace carne (“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”). La palabra eterna y viva de Dios, que hizo. el mundo, se encarna en la naturaleza humana.

. Es inevitable al finalizar el año hacer balance de lo vivido y elaborar una lista de propósitos de mejora para el próximo; hagamos esta revisión en clave de agradecimiento. Agradecer a Dios todo lo vivido: lo bueno y lo malo, lo esperado y lo inesperado, el gozo y el dolor.

 Ayer mismo el Papa en la catequesis nos invitaba a la oración de “acción de gracias”. La oración de acción de gracias comienza siempre desde aquí: del reconocerse precedidos por la gracia. Hemos sido pensados antes de que aprendiéramos a pensar; hemos sido amados antes de que aprendiéramos a amar; hemos sido deseados antes de que en nuestro corazón surgiera un deseo. Si miramos la vida así, entonces el “gracias” se convierte en el motivo conductor de nuestras jornadas.

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CATEQUESIS DEL PAPA

Catequesis 20. La oración de acción de gracias

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Quisiera detenerme hoy en la oración de acción de gracias. Y hago referencia a un episodio del evangelista Lucas. Mientras Jesús estaba en camino, se le acercaron diez leprosos que imploran: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» (17,13). Sabemos que, para los enfermos de lepra, al sufrimiento físico se le unía la marginación social y la marginación religiosa. Eran marginados. Jesús no rehúye el encuentro con ellos. A veces va más allá de los límites impuestos por la ley y toca al enfermo —que no se podía hacer —, lo abraza, lo sana. En este caso no hay contacto. A distancia, Jesús les invita a presentarse donde los sacerdotes (v. 14), los cuales estaban encargados, según la ley, de certificar la sanación. Jesús no dice otra cosa. Ha escuchado su oración, ha escuchado su grito de piedad, y les manda enseguida donde los sacerdotes.

Los diez se fían, no se quedan ahí hasta el momento de ser sanados, no: se fían y van enseguida, y mientras están yendo se curan, los diez. Los sacerdotes habrían por tanto podido constatar su sanación y devolverlos a la vida normal. Pero aquí viene el punto más importante: de ese grupo, solo uno, antes de ir donde los sacerdotes, vuelve atrás a dar las gracias a Jesús y alabar a Dios por la gracia recibida. Solo uno, los otros nueve siguen el camino. Y Jesús nota que ese hombre era un samaritano, una especie de “hereje” para los judíos de la época. Jesús comenta: «¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» (17,18). ¡Es conmovedora la historia!

Este pasaje, por así decir, divide el mundo en dos: quien no da las gracias y quien da las gracias; quien toma todo como si se le debiera, y quien acoge todo como don, como gracia. El Catecismo escribe: «Todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias» (n. 2638). La oración de acción de gracias comienza siempre desde aquí: del reconocerse precedidos por la gracia. Hemos sido pensados antes de que aprendiéramos a pensar; hemos sido amados antes de que aprendiéramos a amar; hemos sido deseados antes de que en nuestro corazón surgiera un deseo. Si miramos la vida así, entonces el “gracias” se convierte en el motivo conductor de nuestras jornadas. Muchas veces olvidamos también decir “gracias”.

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