DE CAMINO

Mateo 9,18-26

Dios nos ha creado para vivir, es el Dios de la Vida. Jesús es la muestra, el icono de esa voluntad divina que quiere curarnos; que nos quiere totalmente vivos y resucitados. Las lecturas de la liturgia de hoy nos ponen ante esta voluntad de hacernos hijos e hijas felices. Tanto en la primera lectura como en el evangelio la muestra del amor de Dios son  unas mujeres.

El profeta presenta a Israel como una prostituta que es amada por Dios y nos ofrece una de las imágenes más bellas del amor de Dios por su pueblo: el novio enamorado que lleva a su amada al desierto para hablarle “cosas de amor”, para renovar su cariño. Es el profeta del amor tierno y gratuito de Dios, que sigue amando a su pueblo aun cuando éste no sea fiel.

El evangelio nos ha presentado la apuesta de Jesús por la vida, y también son dos mujeres. La mujer en Israel era considera poca cosa, casi como una de las pertenencias del hombre, y si la declaraban impura o estéril, su situación se tornaba peor porque eran consideradas, además, fuentes de contaminación para quienes las tocaran.

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ARTÍCULO DE PAGOLA

APRENDER DE LOS SENCILLOS

Jesús no tuvo problemas con las gentes sencillas del pueblo. Sabía que le entendían. Lo que le preocupaba era si algún día llegarían a captar su mensaje los líderes religiosos, los especialistas de la ley, los grandes maestros de Israel. Cada día era más evidente: lo que al pueblo sencillo le llenaba de alegría, a ellos los dejaba indiferentes.

Aquellos campesinos que vivían defendiéndose del hambre y de los grandes terratenientes le entendían muy bien: Dios los quería ver felices, sin hambre ni opresores. Los enfermos se fiaban de él y, animados por su fe, volvían a creer en el Dios de la vida. Las mujeres que se atrevían a salir de su casa para escucharle intuían que Dios tenía que amar como decía Jesús: con entrañas de madre. La gente sencilla del pueblo sintonizaba con él. El Dios que les anunciaba era el que anhelaban y necesitaban.

La actitud de los «entendidos» era diferente. Caifás y los sacerdotes de Jerusalén lo veían como un peligro. Los maestros de la ley no entendían que se preocupara tanto del sufrimiento de la gente y se olvidara de las exigencias de la religión. Por eso, entre los seguidores más cercanos de Jesús no hubo sacerdotes, escribas o maestros de la ley.

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ARTICULO DE J.A.PAGOLA

DISPUESTOS A SUFRIR

Jesús no quería ver sufrir a nadie. El sufrimiento es malo. Jesús nunca lo buscó ni para sí mismo ni para los demás. Al contrario, toda su vida consistió en luchar contra el sufrimiento y el mal, que tanto daño hacen a las personas.

Las fuentes lo presentan siempre combatiendo el sufrimiento que se esconde en la enfermedad, las injusticias, la soledad, la desesperanza o la culpabilidad. Así fue Jesús: un hombre dedicado a eliminar el sufrimiento, suprimiendo injusticias y contagiando fuerza para vivir.

Pero buscar el bien y la felicidad para todos trae muchos problemas. Jesús lo sabía por experiencia. No se puede estar con los que sufren y buscar el bien de los últimos sin provocar el rechazo y la hostilidad de aquellos a los que no interesa cambio alguno. Es imposible estar con los crucificados y no verse un día «crucificado».

Jesús no lo ocultó nunca a sus seguidores. Empleó en varias ocasiones una metáfora inquietante que Mateo ha resumido así: «El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí». No podía haber elegido un lenguaje más gráfico. Todos conocían la imagen terrible del condenado que, desnudo e indefenso, era obligado a llevar sobre sus espaldas el madero horizontal de la cruz hasta el lugar de la ejecución, donde esperaba el madero vertical fijado en tierra.

«Llevar la cruz» era parte del ritual de la crucifixión. Su objetivo era que el condenado apareciera ante la sociedad como culpable, un hombre indigno de seguir viviendo entre los suyos. Todos descansarían viéndolo muerto.

Los discípulos trataban de entenderle. Jesús les venía a decir más o menos lo siguiente: «Si me seguís, tenéis que estar dispuestos a ser rechazados. Os pasará lo mismo que a mí. A los ojos de muchos pareceréis culpables. Os condenarán. Buscarán que no molestéis. Tendréis que llevar vuestra cruz. Entonces os pareceréis más a mí. Seréis dignos seguidores míos. Compartiréis la suerte de los crucificados. Con ellos entraréis un día en el reino de Dios».

Llevar la cruz no es buscar «cruces», sino aceptar la «crucifixión» que nos llegará si seguimos los pasos de Jesús. Así de claro.

  1. José Antonio Pagola
  2. Mateo 10,26-33
  3. Domingo XIII TO A
  4. 28 junio 2020

 

 

ARTÍCULO DE J.A.PAGOLA

 

SEGUIR A JESÚS SIN MIEDO

El recuerdo de la ejecución de Jesús estaba todavía muy reciente. Por las comunidades cristianas circulaban diversas versiones de su pasión. Todos sabían que era peligroso seguir a alguien que había terminado tan mal. Se recordaba una frase de Jesús: «El discípulo no está por encima de su maestro». Si a él le han llamado Belcebú, ¿qué no dirán de sus seguidores?

Jesús no quería que sus discípulos se hicieran falsas ilusiones. Nadie puede pretender seguirle de verdad sin compartir de alguna manera su suerte. En algún momento alguien nos rechazará, maltratará, insultará o condenará. ¿Qué hay que hacer?

La respuesta le sale a Jesús desde dentro: «No les tengáis miedo». El miedo es malo. No ha de paralizar nunca a sus discípulos. No han de callarse. No han de cesar de propagar su mensaje por ningún motivo.

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CAMINANDO

Lucas 2,41-51

La fiesta litúrgica de hoy se denomina Inmaculado Corazón de la Virgen María, y celebramos también su amor. Es continuación de la fiesta de ayer: el Amor del Corazón de Jesús.

El corazón de María recibió desconcertado el primer anuncio del más grande misterio. No alcanzaba a comprender ni el saludo ni el mensaje, pero lo recibió todo con amor, con decisión, con perseverancia, con fe.

María tampoco comprendía cuáles eran los caminos del Señor, pero siempre amó. Amó cuando sintió en sus entrañas aquella sensación de vida que brotaba de su vientre. Amó cuando temblando tomó la carne del Verbo hecho hombre, hecho llanto, hecho dolor, y la acogió en su corazón.

Amó cuando Jesús se iba por otros caminos y ella quedaba en la duda y en la incomprensión, cuando lo encuentra en medio de los doctores, cuando va creciendo, como todo adolescente, abriendo camino en la vida.

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CAMINANDO

Mateo 11,25-30

Estamos celebrando la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. A la luz de las lecturas bíblicas de esta celebración podemos tomar conciencia de lo que encontramos en el Corazón de Jesús: el amor.

El amor de un Dios que se hace carne para nuestra felicidad y que se entrega sin medida. Dios, nuestro Padre, lleno de misericordia, siempre ha buscado mostrarnos su gran e inmenso amor, siempre se ha manifestado como amor.

En el sentido bíblico la palabra “corazón” abarca la totalidad de la persona, no solo al mundo afectivo. Nos lleva a lo intimo del ser humano, por eso, en la expresión “Corazón de Jesús” se designa lo más íntimo, el misterio del amor de Dios por toda la humanidad.

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CAMINANDO

Mateo 6,7-17

Hoy el evangelio nos pone ante la oración por excelencia, el Padrenuestro. Esta oración es la herencia que nos ha dejado el mismo Jesús en la que nos transmite su propia experiencia de Dios. Siete peticiones: las tres primeras se refieren directamente a Dios, y las cuatro restantes para nosotros.

Por supuesto que no podemos, en estos minutos, ni siquiera hacer un esquema sobre el “Padrenuestro” (el Papa dedicó 9 catequesis el año pasado), pero sí posibilitar una actitud de fe: sentirnos hijos de un Padre bueno que nos mira con amor.

En el centro del Padrenuestro descubrimos una confianza ilimitada en Dios Padre. La gran novedad es la invocación inicial: «¡Padre nuestro!». La imagen de Dios como Abbá es radicalmente nueva y propia de Jesús.

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CAMINANDO

Mateo 6,1-6.16-18

. Uno de los peligros que nos ofrece la sociedad moderna es la superficialidad, el Papa lo llama “la mundanidad”. Se vive de ilusión y de fantasía, y muchas veces se pinta la realidad para aparentar lo que no se es. Hemos hecho de la vida una apariencia, y, a veces, por intereses políticos o de otro tipo, damos vuelta a la realidad.

Jesús hoy nos invita a vivir la sinceridad y, a que miremos en lo profundo de nuestro corazón. Lo importante es lo que Dios ve: el interior de cada persona.

. Por eso nos llama a discernir el modo de vivir nuestra práctica religiosa. La limosna, la oración y el ayuno eran los pilares de la religiosidad judía. Y las personas religiosas del tiempo de Jesús habían rodeado estas prácticas de cierta vistosidad, y hasta hipocresía.

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CAMINANDO

Mateo  5, 43-48

. ”Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo”. Es la sexta y última de las antítesis del discurso del monte. Una vez más Jesús rompe con la tradición de los rabinos y va más allá. “Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos”.

. Estamos ante el más alto listón que se le puede presentar a un ser humano. Esta es la utopía evangélica: el amor a todos, tal y como es el amor de “vuestro Padre celestial”.

. La Buena Noticia de Jesús es la de revelarnos la imagen de un Dios bueno, que nos ama, que cuida de todos y de todo lo creado. Esa presencia es la que debe habitar nuestro corazón.

. El gran anhelo de Jesús es que cada uno de nosotros vivamos con el Espíritu del Padre, que es el Espíritu del amor. Dios está dentro de nosotros como esa fuente de amor, que nos hace salir de nosotros mismos para cuidar de los demás. Somos una historia de amor recibido.

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CAMINANDO

Mateo  5,38-42

El Evangelio de hoy nos presenta la quinta antítesis del “sermón del monte” que venimos leyendo estos días. En esta antítesis, que trata sobre la ley del Talión, aparece otra novedad del mensaje evangélico: el NO rotundo a la ley del «ojo por ojo, diente por diente».

Hoy, después de habernos presentado las bienaventuranzas, de proponernos ser sal y en luz para quienes nos rodean, y después de habernos indicado que él no venía a abolir la Ley sino a darle plenitud, Jesús nos presenta el mensaje que tendría que cambiar radicalmente nuestras vidas: “Habéis oído que se dijo “Ojo por ojo y diente por diente”.

Nos propone un cambio radical de este principio, porque la violencia solo genera más violencia. Para cambiar de raíz este mal de la violencia, las relaciones con los otros y con Dios, se deben basar en el amor. “Yo os digo: no hagáis frente al que os agravia”.

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