DE CAMINO

Mateo 14,22-36

Este evangelio presenta varias líneas de reflexión; su simbolismo es muy fuete, y nos ofrece varias enseñanzas para nuestra vida. En un primer momento encontramos a Jesús haciendo oración. “Después de despedir a la gente, subió él solo a la montaña a orar”.

Mientras Jesús está en oración, los discípulos se encuentran con viento contrario y su barca, en la oscuridad de la noche, es agitada por las olas “porque tenía viento contrario”.

Aquí, la barca y los discípulos nos llevan a pensar en la Iglesia; una Iglesia agitada por el mar embravecido que representa al mal. Cuando parece ir todo en contra, cuando las olas sacuden a la barca, se presenta Jesús ante sus dsicípulos como el Señor que domina los elementos, infunde paz y confianza con su presencia. Es una manifestación de su identidad profunda.

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ARTÍCULO DE J.A.PAGOLA

CREAR FRATERNIDAD

Un proverbio oriental dice que «cuando el dedo del profeta señala la luna, el estúpido se queda mirando el dedo». Algo semejante se podría decir de nosotros cuando nos quedamos exclusivamente en el carácter portentoso de los milagros de Jesús, sin llegar hasta el mensaje que encierran.

Porque Jesús no fue un milagrero dedicado a realizar prodigios propagandísticos. Sus milagros son más bien signos que abren brecha en este mundo de pecado y apuntan ya hacia una realidad nueva, meta final del ser humano.

Concretamente, el milagro de la multiplicación de los panes nos invita a descubrir que el proyecto de Jesús es alimentar a los hombres y reunirlos en una fraternidad real en la que sepan compartir «su pan y su pescado» como hermanos.

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DE CAMINO

Mateo 13,54-58

Jesús regresa a su tierra, Nazaret, y va a la sinagoga a enseñar lo que está anunciando en otros lugares; allí se encuentra con la incomprensión y el rechazo. Lo normal sería que sus  vecinos se alegraran de lo que está haciendo por pueblos y aldeas, sin embargo, sucede todo lo contrario: su imagen de profeta no es compatible con la humildad de su familia ni  con su condición de trabajador. Sus mismos paisanos son incapaces de reconocerlo: “¿No es este el hijo del carpintero?”

Se preguntan: ¿es posible que sus manos encallecidas de trabajador sean ahora instrumentos de Dios para sanar y liberar? Se admiran, preguntan, pero se resisten a responder, porque tropiezan con la humildad y pobreza del carpintero. ¡Cómo se va a revelar Dios con sus signos y prodigios en iun pobre como Jesús, a quien sus paisanos conocen bien!

Ellos esperarían un Mesías victorioso y poderoso, en cambio la persona de Jesús es en todo igual a cualquier hijo de vecino, lo conocen desde pequeño, recordarán episodios de su infancia y habla como ellos.

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DE CAMINO

Mateo 13,47-53

Esta parábola, la última presentada por Mateo, insiste en el desenlace del reinado, como nos enseñó la parábola de la cizaña: el fuego acabará con la cizaña y con los peces malos.

Jesús no dudó  en utilizar esta imagen que formaba parte de su cultura. Del mismo modo que cuando los pescadores llegan a la orilla y separan la buena pesca de lo que no sirve,  eso mismo pasa en la vida. No intenta amenazar ni infundir miedo, sino resaltar lo extraordinariamente importante que es el don que se ofrece y lo decisivo de la respuesta de la persona.

El evangelista sabe que hay gente en su comunidad que no vive de acuerdo con los valores del evangelio, que no mantiene esa experiencia de haber descubierto un tesoro o una perla. ¿Qué ocurrirá con ellos? La respuesta es muy dura («a los malos los echarán al horno de fuego»). Respuesta que hay que completarla con la última parábola del evangelio de Mateo, la del Juicio final (Mt 25,31-46), donde queda claro cuáles son los peces buenos y cuáles los malos.

Los buenos son quienes, sabiéndolo o no, dan de comer al hambriento, de beber al sediento, visten al desnudo, hospedan al que no tiene techo… Los que ayudan al necesitado, aunque ni siquiera intuyan que dentro de ellos está el mismo Jesús.

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DE CAMINO

Juan 11,19-27

Hoy la liturgia nos presenta a esta mujer de Betania, Santa Marta, en cuya casa Jesús había encontrado un lugar de descanso. Dice el evangelista. “Jesús era amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro”. Familia privilegiada que se ha encontrado con Jesús, a quien ha recibido en su casa, y que goza de su familiaridad.

Marta siempre aparece en evangelio en esta actitud de apertura y hospitalidad, pero hoy San Juan nos narra el episodio que refleja el grado de confianza y de amistad que había entre Jesús y esta familia.

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DE CAMINO

Mateo 13,36-43

A petición de los discípulos: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”, Jesús señala “quién es quién”. Así dice que “el sembrador es el Hijo del Hombre”; el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del reino”. Es la historia de la humanidad divida, confrontada y entremezclada de bien y de mal, a veces en situaciones difíciles de distinguir.

La parábola se presta a varias reflexiones, por ejemplo a la tolerancia, a aprender a convivir. El Reino de los cielos requiere paciencia, Dios Misericordioso sigue esperando una respuesta de amor. Los discípulo de Jesús,”los ciudadanos del reino, tienen que aprender del silencio del crecimiento del trigo que debe madurar junto a los demás.

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DE CAMINO

Mateo 13,31-35

El evangelio nos ofrece hoy dos pequeñas parábolas llenas de sentido y esperanza, (las escuchábamos también el 19 de julio). Jesús quiere explicar a sus discípulos la fuerza y el dinamismo que tiene Reino de Dios que él hace realidad entre nosotros. Lo presenta como algo pequeño, incluso insignificante, pero con una vitalidad extraordinaria.

“El Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza…”. Esta parábola es la clave para entender la actuación de Jesús. Siempre empieza por algo muy pequeño, frágil, de apariencia débil, pero con enorme vitalidad dentro, no sólo es una semilla, es la semilla más pequeña.

“El Reino de los cielos se parece a la levadura…” La levadura se usa en poca cantidad, es mezclada y amasada, y desaparece en la masa; pero cumple su función, hace que fermente la masa. Jesús dice que lo importante de la levadura es fermentar la masa.

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ARTÍCULO DE J.A.PAGOLA

DESCUBRIR EL PROYECTO DE DIOS

No era fácil creer a Jesús. Algunos se sentían atraídos por sus palabras. En otros, por el contrario, surgían no pocas dudas. ¿Era razonable seguir a Jesús o una locura? Hoy sucede lo mismo: ¿merece la pena comprometerse en su proyecto de humanizar la vida o es más práctico ocuparnos cada uno de nuestro propio bienestar? Mientras tanto se nos puede pasar la vida sin tomar decisión alguna.

Jesús cuenta dos breves parábolas. En ambos relatos, el respectivo protagonista se encuentra con un tesoro enormemente valioso o con una perla de valor incalculable. Los dos reaccionan del mismo modo: venden todo lo que tienen y se hacen con el tesoro o con la perla. Es, sin duda, lo más sensato y razonable.

El reino de Dios está «oculto». Muchos no han descubierto todavía el gran proyecto que tiene Dios de un mundo nuevo. Sin embargo, no es un misterio inaccesible. Está «oculto» en Jesús, en su vida y en su mensaje. Una comunidad cristiana que no ha descubierto el reino de Dios no conoce bien a Jesús, no puede seguir sus pasos.

El descubrimiento del reino de Dios cambia la vida de quien lo descubre. Su «alegría» es inconfundible. Ha encontrado lo esencial, lo mejor de Jesús, lo que puede trasformar su vida. Si los cristianos no descubrimos el proyecto de Jesús, en la Iglesia no habrá alegría.

Los dos protagonistas de las parábolas toman la misma decisión: «venden todo lo que tienen». Nada es más importante que «buscar el reino de Dios y su justicia». Todo lo demás viene después, es relativo y ha de quedar subordinado al proyecto de Dios.

Esta es la decisión más importante que hemos de tomar en la Iglesia y en las comunidades cristianas: liberarnos de tantas cosas accidentales para comprometernos en el reino de Dios. Despojarnos de lo superfluo. Olvidarnos de otros intereses. Saber «perder» para «ganar» en autenticidad. Si lo hacemos, estamos colaborando en la conversión de la Iglesia.

  • José Antonio Pagola
  • Mateo 13,18-23
  • Domingo XVII TO A
  • 26 julio 2020

 

DE CAMINO

Juan 15,1-8

También hoy la liturgia nos presenta la celebración de otra gran mujer: Sta. Brígida, Patrona de Europa. Fue una santa viajera. Desde su Suecia natal, peregrinó a Compostela, a Roma y a Tierra Santa, los tres lugares de referencia religiosa en el Medioevo. Nacida en Suecia, contrajo matrimonio con el noble Ulfo, de quien tuvo ocho hijos, a todos los cuales educó cuidadosamente, y consiguió al mismo tiempo, con sus consejos y su ejemplo, que su esposo llevase una vida de piedad. Muerto éste, peregrinó a muchos santuarios, y dejó varios escritos, en los que habla de la necesidad de reforma, tanto de la cabeza como de los miembros de la Iglesia. Fundó la Orden del Santísimo Salvador.

Habló a las autoridades civiles y eclesiásticas. Fustigó la corrupción. Nadie, ni siquiera el Papa, se vio libre de sus admoniciones. Pero su unión a Jesús, fue y es la garantía de su fruto abundante. Tal vez, por esto, la liturgia ha escogido el evangelio de “la vid verdadera”.

Esta imagen de la vid no evoca una estampa bucólica del campo, es una fórmula de presentación, de identificación: Jesús realiza lo que esta imagen significa, Él es la vid verdadera. “Así seréis discípulo míos”.

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DE CAMINO

Juan 20,1-2.11-18

Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. El evangelio que acabamos de escuchar narra dos momentos de María  de Magdala junto al sepulcro de Jesús.

No está de más que nos preguntemos ¿Quién fue esta mujer? Pues la mayoría de los cristianos la identificamos con una pecadora que se había convertido por el amor de Jesús. Y así fue. Pero es que, además, por una predilección de Jesús, se convirtió en la “primer testigo” de la resurrección del Señor.

Es admirable la valentía y decisión de María Magdalena, después de los acontecimientos de la crucifixión y muerte del Señor, no descansa, no se amilana. Mientras los apóstoles no aciertan a superar el miedo, la tristeza y el dolor, y algunos de ellos toman la decisión de abandonarlo todo, María Magdalena va al sepulcro “cuando aún estaba oscuro”. Es el primer momento que nos narra el evangelio.

Al ver la piedra quitada, corre a comunicarlo a Pedro y al discípulo amado: “Se han llevado del sepulcro al Señor”. Es la mujer fiel. Vuelve de nuevo al sepulcro e intenta seguir buscando a Jesús.  Ante el cansancio de los discípulos, se destaca la firme perseverancia de esta mujer.

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