DE CAMINO

 

Mateo 1,18-23

Estamos celebrando el nacimiento de la Virgen María. Hoy es su día. El día de su cumpleaños, la Natividad de la Virgen María. Una nueva vida que nace siempre es motivo de alegría, y lo celebramos en la Iglesia.

La liturgia ha puesto, como evangelio, para este día el nacimiento de Jesús narrado por Mateo. Al recordar el nacimiento de María, recordamos que Dios la ha escogido para ser la Madre de Dios y es el inicio y como preludio, de la llegada del Salvador.

Efectivamente, nace María, y florece la carne que luego será “morada y arca” de la carne de Jesús. En esta criatura se formará “la criatura que viene del Espíritu Santo y salvará a su pueblo de sus pecados”. En el seno de esta niña que nace acampará el Verbo de Dios hecho carne.

En el Evangelio de hoy, María aparece la última de una lista de mujeres; algunas de ellas procedentes de la paganía y del pecado. Al final, como la luz sobre la tiniebla, en María “de la cual nació Jesús”, la llena de gracia, brilla, a la vez, el misterio de la encarnación en todo su realismo junto a la victoria sobre el mal.

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DE CAMINO

Lucas 6,6-11

Hoy encontramos a Jesús que visita la sinagoga y se pone a enseñar. Lo hace en el lugar donde los judíos piadosos se reúnen para escuchar la escritura, en un día que es sábado.

Su enseñanza quiere dar a conocer qué es lo bueno y qué es lo malo, qué cosas salvan y qué cosas destruyen. “¿Hacer el bien o hacer el mal?”, “¿Salvar o dejar morir?”.

Ante los escribas y fariseos que “esgrimen” una ley que fue creada para dar vida, Jesús les muestra que las leyes también pueden convertirse en ataduras y destruir a las personas cuando no se entiende su espíritu. Una vez más, la pelea entre “lo que manda” la ley y la necesidad de hacer el bien a la persona que sufre. La ley es terminante, dicen los fariseos. El hombre es lo primero, proclama Jesús.

. Hay gente que enfrenta la ley y el amor. A veces desaparecen del alma humana los más elementales sentimientos. En el corazón del hombre se secan la compasión, la ternura, la misericordia, todo. Pero Jesús dice: El hombre es Señor del sábado.

. También esta enseñanza es para cada uno de nosotros: lo básico en nuestra vida es descubrir qué es bueno y qué es malo. Podemos dar una imagen de una religión formalista, de espaldas a la vida y al dolor de las personas.

No ser trata de enfrentar el sábado y la curación, la ley y el amor, el culto a Dios y el amor al hombre. Son la misma cosa: “Lo que hicisteis con uno de estos mis pequeños hermanos conmigo lo hicisteis”.

Como discípulos escuchemos atentamente ¿Qué nos quiere decir hoy Jesús con sus palabras y con sus acciones? ¿Damos nosotros más importancia a las leyes y costumbres que a la dignidad y necesidades de las personas?

EL PAPA EN EL ÁNGELUS

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El Evangelio de este domingo (cf. Mt 18, 15-20) está tomado del cuarto discurso de Jesús en el relato de Mateo, conocido como discurso “comunitario” o “eclesial”. El pasaje de hoy habla de la corrección fraterna, y nos invita a reflexionar sobre la doble dimensión de la existencia cristiana: aquélla comunitaria, que exige la protección de la comunión, es decir de la Iglesia, y aquélla personal, que requiere la atención y el respeto de cada conciencia individual.

Para corregir al hermano que se ha equivocado, Jesús sugiere una pedagogía de recuperación. Y siempre la pedagogía de Jesús es pedagogía de la recuperación; Él siempre busca recuperar, salvar. Y esta pedagogía de la recuperación está articulada en tres pasajes. Primero dice: «Ve y corrígele, a solas tú con él» (v. 15), es decir, no pongas su pecado delante de todos. Se trata de ir al hermano con discreción, no para juzgarlo, sino para ayudarlo a darse cuenta de lo que ha hecho. Cuántas veces hemos tenido esta experiencia: viene alguien y nos dice: “Oye, en esto te has equivocado. Deberías cambiar un poco en esto”. Tal vez al inicio nos da rabia, pero después se lo agradecemos porque es un gesto de fraternidad, de comunión, de ayuda, de recuperación.

Y no es fácil poner en práctica esta enseñanza de Jesús, por varias razones. Existe el temor de que el hermano o la hermana reaccionen mal; a veces no hay suficiente confianza con él o ella… Y otros motivos. Pero cada vez que hemos hecho esto, hemos sentido que era justo el camino del Señor.

Sin embargo, puede suceder que, a pesar de mis buenas intenciones, la primera intervención fracase. En este caso está bien no desistir y decir: “Que se las arregle, yo me lavo las manos”. No, esto no es cristiano. No hay que desistir, sino recurrir a la ayuda de algún otro hermano o hermana. Dice Jesús: «Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos» (v. 16). Este es un precepto de la Ley de Moisés (cf. Dt 19,15). Aunque parezca contra el acusado, en realidad servía para protegerlo de falsos acusadores. Pero Jesús va más allá: los dos testigos son requeridos no para acusar y juzgar, sino para ayudar. “Pongámonos de acuerdo, tú y yo, vayamos a hablar con éste, con ésta que se está equivocando, que está quedando mal. Pero vayamos a hablarle como hermanos”. Este es el comportamiento de la recuperación que Jesús quiere de nosotros. De hecho, Jesús considera que también puede fracasar este enfoque —el segundo enfoque— con testigos, a diferencia de la Ley de Moisés, para la cual el testimonio de dos o tres era suficiente para la condena.

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ARTÍCULO DE J.A.PAGOLA

HABITAR EN UN ESPACIO CREADO POR JESÚS

Al parecer, a las primeras generaciones cristianas no les preocupaba mucho el número. A finales del siglo I eran solo unos veinte mil, perdidos en medio del Imperio romano. ¿Eran muchos o eran pocos? Ellos formaban la Iglesia de Jesús, y lo importante era vivir de su Espíritu. Pablo invita constantemente a los miembros de sus pequeñas comunidades a que «vivan en Cristo». El cuarto evangelio exhorta a sus lectores a que «permanezcan en él».

Mateo, por su parte, pone en labios de Jesús estas palabras: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». En la Iglesia de Jesús no se puede estar de cualquier manera: por costumbre, por inercia o por miedo. Sus seguidores han de estar «reunidos en su nombre», convirtiéndose a él, alimentándose de su evangelio. Esta es también hoy nuestra primera tarea, aunque seamos pocos, aunque seamos dos o tres.

Reunirse en el nombre de Jesús es crear un espacio para vivir la existencia entera en torno a él y desde su horizonte. Un espacio espiritual bien definido no por doctrinas, costumbres o prácticas, sino por el Espíritu de Jesús, que nos hace vivir con su estilo.

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DE CAMINO

 

Lucas 5,33-39

Jesús ya se ha hecho notar a los escribas y fariseos; de hecho, en el caso presente, no se fijan en lo que anuncia y lo que hace, sino en lo que ven en el grupo de los discípulos. Ellos que son tan escrupulosos y detallistas no entienden el comportamiento de los que van con Jesús. Y le preguntan por qué sus discípulos no ayunan y no hacen oración como lo hacen los discípulos de Juan y de los fariseos.

La escena demuestra, con toda claridad, que los fariseos se han dado cuenta del nuevo talante con que Jesús vive la novedad del Reino. “Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran… en cambio los tuyos, a comer y a beber”.

El mesías ya está en medio del pueblo, y sólo los que lo aceptan como tal celebran esa presencia como un banquete permanente; ésta es la clave para entender las comparaciones que propone Jesús respecto a la novedad de su persona y de su obra.

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DE CAMINO

Lucas 5,1-11

Continuamos leyendo los comienzos de la predicación de Jesús. Hoy estamos junto al lago de Genesaret, donde los primeros discípulos trabajaban como pescadores. Es la escena familiar y cotidiana de un grupo de pescadores: lavar las redes, ponerlas a secar, sacar la barca, recoger los peces…

Y llega Jesús,”La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oir la Palabra  de Dios”. Desde la barca sIgue su predicación y, al final, asistimos a la escena de la “pesca milagrosa” y de la llamada a los primeros discípulos.

“Rema mar adentro” no es sólo una indicación para buscar zonas de pesca, sino una invitación a un nuevo trabajo. Simón Pedro y sus compañeros estaban estupefactos de que un extraño, no pescador, les pudiera decir dónde pescar cantidad de peces, cuando ellos, pescadores de profesión, habían fracasado.

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CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO

Catequesis – “Curar el mundo”:

5. La solidaridad y la virtud de la fe

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Después de tantos meses retomamos nuestro encuentro cara a cara y no pantalla a pantalla. Cara a cara. ¡Esto es bonito! La pandemia actual ha puesto de relieve nuestra interdependencia: todos estamos vinculados, los unos con los otros, tanto en el bien como en el mal. Por eso, para salir mejores de esta crisis, debemos hacerlo juntos. Juntos, no solos, juntos. Solos no, ¡porque no se puede! O se hace juntos, o no se hace. Debemos hacerlo juntos, todos, en la solidaridad. Hoy quisiera subrayar esta palabra: solidaridad.

Como familia humana tenemos el origen común en Dios; vivimos en una casa común, el planeta-jardín, la tierra en la que Dios nos ha puesto; y tenemos un destino común en Cristo. Pero cuando olvidamos todo esto, nuestra interdependencia se convierte en dependencia de unos hacia otros — perdemos esta armonía de interdependencia en la solidaridad —, aumentando la desigualdad y la marginación; se debilita el tejido social y se deteriora el ambiente. Siempre es lo mismo que actuar.

Por tanto, el principio de solidaridad es hoy más necesario que nunca, como ha enseñado Juan Pablo II (cfr. Enc. Sollicitudo rei socialis, 38-40). De una forma interconectada, experimentamos qué significa vivir en la misma “aldea global”. Es bonita esta expresión: el gran mundo no es otra cosa que una aldea global, porque todo está interconectado. Pero no siempre transformamos esta interdependencia en solidaridad. Hay un largo camino entre la interdependencia y la solidaridad. Los egoísmos — individuales, nacionales y de los grupos de poder — y las rigideces ideológicas alimentan, al contrario,  «estructuras de pecado» (ibid., 36).

«La palabra “solidaridad” está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. ¡Es más! Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 188). Esto significa solidaridad. No es solo cuestión de ayudar a los otros —esto está bien hacerlo, pero es más—: se trata de justicia (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1938-1940). La interdependencia, para ser solidario y fructífero, necesita raíces fuertes en la humanidad y en la naturaleza creada por Dios, necesita respeto por los rostros y la tierra

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DE CAMINO

Lucas 4,38-44

Jesús sigue en Cafarnaún, junto al lago, en esta población costera, anunciando su mensaje de esperanza, y lo ha confirmado liberando a los pobres y enfermos de los poderes del mal.

En el texto de hoy subrayamos tres cosas: curación de la suegra del apóstol Pedro, sanación de numerosos enfermos, y la actividad itinerante de Jesús.

San Lucas presenta que la suegra de Pedro está enferma y le piden a Jesús que haga algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, manda con energía a la fiebre y la fiebre desapareció.

Para Jesús, la persona, hombre o mujer, es el lugar único y definitivo donde debe comenzar a tomar forma la realidad del Reino. Ésta es la actitud de Jesús: ponerse cercano, quitar las enfermedades, restablecer en dignidad.

La sanación de tantos enfermos –“Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los curaba”- hay que verla desde la perspectiva liberadora del reino de Dios. Los milagros que realizó deben enfocarse desde la liberación integral que el reino de Dios inaugurado por Jesús y presente en su persona, trae para el hombre y mujer a quienes Dios ama.

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ORACIÓN POR LA CRACIÓN

Creador de Vida, por Tu palabra, la Tierra produjo plantas que dieron semillas y árboles de todo tipo que dieron frutos; los ríos, las montañas, los minerales, los mares y los bosques sostuvieron la vida.

Los ojos de todos te miraban para satisfacer las necesidades de cada ser vivo. Y a lo largo del tiempo la Tierra ha sostenido la vida. Con los ciclos planetarios de días y estaciones, renovación y crecimiento, abriste tu mano para dar a las criaturas el alimento en el momento adecuado.

En tu Sabiduría, concediste un Sabbath; un tiempo bendito para descansar en gratitud por todo lo que has dado; un tiempo para liberarnos del consumo desenfrenado; un tiempo para permitir que la Tierra y todas las criaturas descansen de la carga de la producción.

Pero en estos días nuestra vida está llevando al planeta más allá de sus límites. Nuestras demandas de crecimiento, y nuestro interminable ciclo de producción y consumo están agotando nuestro mundo. Los bosques se agotan, la tierra se seca, los campos fallan, los desiertos avanzan, los mares se acidifican, las tormentas se intensifican. No hemos permitido a la Tierra guardar su Sabbath, y la Tierra está luchando por renovarse.

Durante este Tiempo de la Creación, te pedimos que nos concedas el valor de celebrar un Sabbath para nuestro planeta. Fortalécenos con la fe para confiar en tu providencia. Inspira nuestra creatividad para compartir lo que se nos ha dado. Enséñanos a estar satisfechos con lo necesario. Y mientras proclamamos un Jubileo para la Tierra, envía tu Espíritu Santo para renovar la faz de la creación. En el nombre de Aquel que vino a proclamar la buena nueva a toda la Creación, Jesucristo.

Amén.

1 septiembre 2020

Movimiento Mundial por la Creación

 

DE CAMINO

Lucas 4,31-37.

Jesús comienza su camino anunciando la Buena Nueva: “los sábados les enseñaba”. La escena de hoy se desarrolla en la sinagoga de Cafarnaún y distinguimos dos partes: la primera destaca su autoridad. “Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad”.

La autoridad de Jesús con frecuencia impresionaba, tanto al pueblo como a sus propios discípulos; pero era una autoridad de servicio que traía fe, que daba esperanza, que creaba y expresaba amor.

La segunda parte narra la curación  de un endemoniado, como fruto de esa autoridad, que se demuestra tanto en su enseñanza como en sus obras y milagros.

Hay un enfrentamiento entre Jesús y el espíritu inmundo, que, sin duda, es por las enseñanzas de Jesús ya apuntadas en Nazaret: “La Buena Noticia a los pobres, la libertad a los cautivos, la vista a los ciegos, la liberación de los oprimidos y el año de gracia del Señor”.

El endemoniado grita frente a Jesús: “¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno?” Cristo vino para liberar al hombre del mal en su totalidad, del mal moral -la esclavitud del pecado- y de sus consecuencias en el mal físico: la enfermedad, el hambre, la pobreza, la violencia, y la muerte.

El significado más profundo de la curación del endemoniado es su dimensión liberadora de la persona. “Cállate y sal de él”.

Hoy el Evangelio nos invita a usar nuestra autoridad, la que sea y al nivel que sea, siempre al servicio del bien común y sobre todo de los más necesitados. De los enfermos, de los que sufren, de los que les ha tocado la peor parte, de los que no tienen ninguna autoridad. Eso es hacer Reino de Dios.

1 septiembre 2020