DE CAMINO

Lucas 8,1-3

. Lucas es el evangelista que describe la contribución de las mujeres al apostolado de Jesús. Cristo las ha liberado de las alienaciones de la sociedad judía. Acompañaron a Jesús desde el comienzo de su ministerio y gozaron de una condición o posición no muy distanciada de la de los Doce; después de la resurrección, ellas fueron las primeras en proclamar que Cristo había resucitado.

. Hay un paralelismo entre lo que Lucas dice del grupo de los “doce” en el capítulo 5 y lo que dice en el capítulo 8 que hoy hemos leído del grupo de las tres mujeres (María Magdalena, Juana, Susana) y el resto de sus compañeras.

. El “curriculum” de estas mujeres, sus méritos para entrar a formar parte de la comunidad de discípulos, es desconcertante. No se alude a cualidades especiales, ni a títulos de ningún tipo. Lo que estas mujeres tienen en común, y lo que a Lucas le interesa subrayar, es que “habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades”. Son mujeres que se sienten curadas por Jesús. Responden entregando sus personas (“lo acompañan por el camino”) y sus bienes.

. Juntamente con los Doce, son acompañantes o compañeras de Jesús mientras él va de pueblo en pueblo anunciando la Buena Noticia de salvación.

. En Jesús todos los prejuicios contra la mujer han caído, hombre y mujer tiene la misma dignidad, como al principio (Gen.1,27). A ambos Dios los bendijo y les confió la administración, el goce y humanización de la creación.

Con toda razón el reino anunciado e iniciado por Jesús se sale de todo molde, de toda expectativa.

San Pablo afirma: “ya no hay distinción entre judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer pues con el Mesías Jesús todos sois uno”.

El apóstol rompe todos los moldes de la época impulsando la reivindicación femenina en la Iglesia, fiel seguidor de la novedad revolucionaria de Cristo.

Supo valorar el esfuerzo y la responsabilidad de muchas mujeres necesarias para una efectiva evangelización a favor de la comunidad cristiana.

. En las Iglesias paulinas había mujeres que dirigían las asambleas de oración, mujeres profetas (1 Cor 11,3-5), diaconisas (Rom 16,1) y líderes femeninos capaces de explicar “con mayor exactitud el camino de Dios” (Hch 18,26.).

. En la catequesis del 8 de septiembre el Papa decía: “El apóstol afirma con gran audacia que la identidad recibida con el bautismo es una identidad totalmente nueva, como para prevalecer sobre las diferencias que existen a nivel étnico-religioso. Es decir, lo explica así: «ya no hay judío ni griego»; y también a nivel social: «ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer» (Ga 3,28).

La igualdad en Cristo supera la diferencia social entre los dos sexos, estableciendo una igualdad entre hombre y mujer entonces revolucionaria y que hay necesidad de reafirmar también hoy. Es necesario reafirmarla también hoy.

Hay en la historia, también hoy, una esclavitud de las mujeres: las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres. Debemos leer lo que dice Pablo: somos iguales en Cristo Jesús”.

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