DE CAMINO

Mateo 11,18-23

Hoy celebramos la fiesta de la Natividad de la Virgen María, es decir, como su cumpleaños. No tenemos su acta de nacimiento, ni podemos afirmar que ella nació en este día, pero los cristianos movidos por el gran amor que le tenemos, queremos celebrar este gran acontecimiento para toda la humanidad.

. La liturgia, que es la oración propia de toda la Iglesia, se deja llevar por la alegría de la fiesta. Como una ambientación del día y una invitación al cumpleaños, recogemos algunas frases: “Celebremos con alegría el Nacimiento de María, la Virgen; de ella salió el sol de justicia: Cristo, nuestro Dios”, dice la entrada de la Misa. “Cuando nació la santísima Virgen, el mundo se iluminó”, canta la antífona de Laudes. “Que se alegre tu Iglesia y se goce en el Nacimiento de la Virgen María, aurora de salvación”, insiste la oración de la Misa.

. Los grandes eventos se van preparando en el silencio y en la pequeñez de muchos acontecimientos ordinarios. Antes del nacimiento del Bautista, el de la Virgen María es un anuncio del nacimiento de Jesús, el preludio de la Buena Nueva. La llegada de esta niña al hogar de Joaquín y Ana significa para el mundo la verdadera esperanza y la aurora de la salvación.

. Como siempre, miramos a María en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Hoy nace la carne limpia, donde Dios plantará su tienda; esta niña que nace será la morada de Dios. Es decir, la maternidad divina de la Virgen ilumina y da sentido a toda su vida.

Es un eslabón muy importante en el plan de la salvación. Así es María, siempre pequeña, siempre en silencio, pero al mismo tiempo tan participativa, tan comprometida, tan entregada a la voluntad del Señor.

. Por eso hoy al celebrar con júbilo “su cumpleaños”, el más grande homenaje que le podemos hacer es parecernos a ella: hacer nuestras cosas de cada día con una gran dedicación y amor; escuchar la palabra de Dios y guardarla en nuestro corazón; en nuestro obrar y en nuestro sentir ser fieles a esa palabra; ponernos con toda confianza en las manos de Dios y querer cumplir su voluntad. En una palabra, querer vivir como verdaderos hijos, ya que un hijo se parece a su madre.

Con María construiremos el sueño de Jesús. Con María viviremos la fraternidad y el servicio. Que la gloria de María sea mirar cómo sus hijos viven la Palabra de Dios.

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