DE CAMINO

Lucas 11,42-46

. Jesús sigue dirigiendo graves acusaciones contra los fariseos. Es implacable contra todos los que se preocupan por dar una “buena imagen” y pasan por alto el derecho y el amor de Dios.

Estas actitudes han hecho de los fariseos sepulcros sin señalización (“tumbas no señaladas”): a la hora de la verdad, “contaminan” a la gente en lugar de purificar.

. Seguramente Jesús no los ataca tanto por su observancia literal de la ley hasta del último detalle, sino por estar tan absortos por los detalles de la ley que no veían la raíz de todas las leyes, justicia y amor.

. Jesús también denuncia a los escribas: ¡Ay de vosotros, maestros de la ley”; se creen guardianes de la ley, pero en realidad, lo que han hecho es imponer al pueblo cargas que ellos mismos ni pueden ni quieren mover.

. Sorprende cómo Jesús, que cura todas las enfermedades -los ciegos, los sordos, los leprosos, y también pecadores conscientes de sus fallos-, no podía curar a los fariseos y escribas de su ceguera.  Escribas y fariseos habían desvirtuado de tal forma los preceptos que ahora se podía vivir en el egoísmo, en la injusticia y “aparentar” vivir conforme a la ley.

Lo que critica fuertemente Jesús es la hipocresía y la manipulación de la ley, que se disfraza con un cumplimiento rigorista de las leyes secundarias y no hace caso de las verdaderas obligaciones para con los demás.

. Son palabras, las más contundentes transmitidas por los evangelios, y, sin embargo, no parece que tengan demasiado efecto en nosotros. A veces, en nuestra Iglesia, hay personas que se sienten con la obligación moral de señalar lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, de marcar una línea nítida entre lo permitido y lo prohibido, de censurar conductas “escandalosas”, de llamar a cada cosa por su nombre.

. ¿Cómo podemos saber si estas actitudes “proféticas” son genuinamente evangélicas o no? La carta a los gálatas nos ofrece una pista. Donde hay Espíritu surgen frutos espirituales: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, amabilidad, autocontrol, etc. Donde hay “carne” (hoy diríamos “ser humano que se deja llevar por lo suyo”) surgen otros frutos: fornicación, impureza, contiendas, celos, rencores, sectarismo etc.

¿Y nosotros? ¿No es cierto que, a veces, nos fijamos en las cosas secundarias y no nos fijamos en el amor a Dios y en el amor al prójimo?

14 octubre 2020

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