DE CAMINO

Lucas 11,15-26

En tiempo de Jesús, el pueblo de la promesa, y especialmente sus líderes religiosos. descendientes de Abraham, desafió al mismo Jesús y le cuestionó,

Jesús acaba de expulsar un demonio de un poseso; y enseguida surgen opiniones distintas y encontradas “pero algunos de entre la multitud dijeron: por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios”. Incluso signos de liberación del mal, hechos por Jesús, no les impresionaron como signos en los que hay que creer.

Es decir, aunque objetivamente lo que hacía Jesús era liberar a las personas del dominio del mal, ellos habían llegado a la conclusión de que eso no era más que un artificio. En realidad, Jesús era el representante de Belcebú. De esa manera, ellos podían seguir tranquilos, haciendo lo de siempre, sintiendo que controlaban perfectamente las relación de los hombres con Dios. No había ninguna necesidad de cambiar. Podían seguir con lo de siempre

Siempre descalificando a Jesús, siempre cuestionando sus milagros. Sin embargo, Jesús habla claramente que estos son signos de que el Reino ha llegado, que es más fuerte que el mal y que es señal clara del poder de Dios.La lógica de Jesús no tiene réplica por parte de sus adversarios que, como ocurre en todas las controversias, son reducidos al silencio.

El momento y las circunstancias son idóneas para que Jesús deje claro que, ante Él, nadie puede permanecer neutral, o se le acepta y se le sigue radicalmente, o simplemente no se le acepta.

Jesús supo del conflicto, vivió el conflicto sobre todo porque estuvo cerca de quienes sufrían y eran considerados pecadores.

Sin embargo, Jesús habla claramente que estos son signos de que el Reino ha llegado, que es más fuerte que el mal y que es señal clara del poder de Dios.

La solidaridad de Cristo con todos los hombres logra la expulsión de los demonios. Al hombre en pecado lo rescata y le devuelve nueva vida. Cuidemos esta vida y no nos enredemos en los engaños del maligno que, ante la renovación y pureza que nos da Cristo, nos invita a regresar a casa solamente para caer en situaciones peores que las de antes. Atención: Cristo trae la salvación, cuidemos hacerla nuestra y mantenernos firmes en su presencia.

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