DE CAMINO

Lucas9,57-62

Hoy el evangelio va de “seguimiento”, de seguir a Jesús. La llamada y el seguimiento es un tema central en todos los evangelistas. En todos se constata la importancia que tiene para cada uno y para todo el grupo.

¿Cuántas personas buscaron seguir a Jesús? San Lucas nos muestra una breve referencia de lo que seguramente sucedería en torno a Jesús. Parece que algunos de los que están con él se quieren comprometer a seguirle, a estar siempre con él. Da la impresión de que se habían encontrado con él, que le habían acompañado unos días y que, de esa experiencia, había brotado el deseo de quedarse en la compañía de Jesús.

Pero Jesús es muy claro y no “endulza” la realidad para quien está dispuesto a seguirlo. Tres condiciones aparecen como básicas detrás de estos sencillos relatos. La primera es el desprendimiento. Jesús no tiene donde reclinar la cabeza, y su reino no se basa en las promesas materiales. A quien lo quiera acompañar le exige desapego del corazón y coherencia en el seguimiento.

En el segundo caso hay un ofrecimiento de Jesús: “Sígueme”. Pero está demasiado apegado a la tradición y a su casa. “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios”. De ninguna forma está exigiendo Jesús un rechazo o abandono de la familia, pero si propone una libertad y una nueva relación con su nueva familia nacida de la escucha y cumplimiento de la palabra.

El tercero necesita tiempo para desligarse de su ambiente, que le tiene atrapado. Seguir a Jesús supone una decisión firme y sin vacilar. No se puede volver la mirada hacia atrás.

Hoy sucede algo parecido. Seguir a Jesús es comprometerse con la justicia, acercar el amor de Dios a los más pobres y marginados, renunciar a la violencia en todas sus formas y abrir caminos a una fraternidad en la que toda la humanidad está invitada a participar sin excepciones ni exclusiones.

En ese camino no hay vuelta atrás. Y no hay otro camino para encontrar la vida de verdad.

Seguir a Jesús es exigente en aquellos tiempos y también hoy. Comporta un compromiso serio de vivir al estilo de Jesús, dejando los valores que propone la sociedad, asumiendo una nueva familia que se abre a todos los hombres y sosteniéndose coherentes en la vida con la opción que hemos elegido

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