DE CAMINO

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Lucas 6,27-38

Precisamente ayer, al comienzo de la catequesis, el Papa decía: “La respuesta cristiana a la pandemia y a las consecuentes crisis socio-económicas se basa en el amor, ante todo el amor de Dios que siempre nos precede”.

Hoy el evangelio nos pone delante el mandamiento del amor, también amor a los enemigos. Un amor de evangelio, un amor de fe, no pone condiciones ni marca fronteras. Quien ama  da más de lo que le piden,  y ama también a los  “no-dignos-de-amor”, incluso a los enemigos. El verdadero amor no juzga ni condena, sino que está siempre listo para mostrar compasión y perdón.

Jesús se dirige a cada uno de sus discípulos, hoy a nosotros, pues es el discípulo el que ha de cambiar; es a él a quien le afecta esa “revolución”: amar al enemigo es terrible. Y pone varios ejemplos: si te dan en una mejilla, le pones la otra; al que te quite la capa le dejas la túnica.

El perdón al enemigo es la prueba de fuego del amor del cristiano. El amor ha de ser sin límites ni condiciones, es decir, todo “por gracia”, como de Dios lo hemos recibido, como nos enseñó el Señor, “Como yo os he amado”.

Nos cuesta identificarnos con las palabras de Jesús: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. Pero, que sepamos que ha de sernuestro ideal y nuestra norma de vida.

¿En qué medida somos nosotros en este mundo, con nuestra vida y conducta, el signo viviente del amor mismo de Dios?

10 septiembre 2020

 

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