DE CAMINO

Lucas 6,20-26

El evangelista Lucas está impresionado por el hecho de que Jesús hizo en su vida un lugar especial para los pobres y marginados, a quienes nadie cuidaba en su entorno. Precisamente esta preocupación de Cristo viene a ser uno de los mayores énfasis en su evangelio, particularmente en sus aspectos sociales. La opción por los pobres es uno de los pilares que sustentan la identidad de la Iglesia.

Hoy San Lucas nos presenta cuatro bienaventuranzas y cuatro “ayes” o “maldiciones”, y nos hace enfrentarnos a la dura realidad de la pobreza, de la miseria, del dolor y el hambre.

Jesús comienza llamándonos a todos a la felicidad. Pero se dirige en especial a los pobres, los hambrientos, los que lloran, los despreciados a causa del Hijo del hombre.  Llama “felices y dichosos” a cuatro clases de personas: los pobres, los que pasan hambre, los que lloran y los que son perseguidos por causa de la fe.

Es la revolución de Jesús; poner patas arriba nuestra escala de valores. Ya no están en primera fila la riqueza, el dominio, el prestigio y cosas así. Quedan sustituidos por la paz, la mansedumbre y la pobreza del Reino. Lo que era maldición se torna fuente de felicidad.

Y nosotros ¿dónde estamos? ¿Dónde ponemos nuestra felicidad? Las bienaventuranzas expresan un radical cambio en los valores, los que pide la presencia del Reino. Es más, son signo de la presencia de ese Reino: proclaman la llegada de las promesas mesiánicas.

Pero ¿podemos ser felices con este programa? La respuesta la encontramos mirando a Jesús. Él fue inmensamente feliz y sin embargo fue pobre. Las bienaventuranzas que proclama están íntimamente unidas a su persona y son la manifestación de que se puede ser realmente feliz. Si Él nos dice que son felices los pobres y quienes tienen hambre, es porque Él es feliz y quiere hacernos participes de su misma felicidad.

Quien dice sí a Jesús encuentra el gozo de sentirse amado por Dios y se hace participante de la historia de la salvación juntamente con los profetas y con el mismo Jesús.

¿Dónde ponemos nosotros el corazón?

10 SEPTIEMBRE 2020

 

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