DE CAMINO

Mateo 13,47-53

Esta parábola, la última presentada por Mateo, insiste en el desenlace del reinado, como nos enseñó la parábola de la cizaña: el fuego acabará con la cizaña y con los peces malos.

Jesús no dudó  en utilizar esta imagen que formaba parte de su cultura. Del mismo modo que cuando los pescadores llegan a la orilla y separan la buena pesca de lo que no sirve,  eso mismo pasa en la vida. No intenta amenazar ni infundir miedo, sino resaltar lo extraordinariamente importante que es el don que se ofrece y lo decisivo de la respuesta de la persona.

El evangelista sabe que hay gente en su comunidad que no vive de acuerdo con los valores del evangelio, que no mantiene esa experiencia de haber descubierto un tesoro o una perla. ¿Qué ocurrirá con ellos? La respuesta es muy dura («a los malos los echarán al horno de fuego»). Respuesta que hay que completarla con la última parábola del evangelio de Mateo, la del Juicio final (Mt 25,31-46), donde queda claro cuáles son los peces buenos y cuáles los malos.

Los buenos son quienes, sabiéndolo o no, dan de comer al hambriento, de beber al sediento, visten al desnudo, hospedan al que no tiene techo… Los que ayudan al necesitado, aunque ni siquiera intuyan que dentro de ellos está el mismo Jesús.

Cada acción nuestra, nuestras tradiciones, nuestros propósitos, tendrían que ser evaluados para ver si nos acercan al Reino o estamos muy distantes. Jesús nos enseña con sus ejemplos que debemos dar una prioridad muy clara al momento de la elección y de la decisión.

En la primera lectura de hoy Dios envía a Jeremías a casa del alfarero para que contemple cómo cuando se estropea una vasija, la vuelve a hacer como mejor le parece. Y nos dice: Como está el barro en las manos del alfarero, así estáis vosotros en mis manos. Mientras estamos en camino siempre tendremos la oportunidad del cambio y del arrepentimiento. Dios siempre nos da la oportunidad para dejarnos modelar por las manos cariñosas de su amor.

Y Mateo termina las siete parábolas comparando al predicador del evangelio con un padre de familia (es la última parte del evangelio de hoy). “Un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo”.

Jesús es el “escriba” que entiende del reinado de Dios, y que,  para exponer su mensaje, ha usado cosas nuevas y viejas. Ha sacado cosas antiguas: alusión al Antiguo Testamento, la técnica de las parábolas, y el lenguaje imaginati­vo de los profetas. Pero la mayor parte consta de cosas nuevas, fruto de su experiencia y de su capacidad de observación: la vida del campesino, del ama de casa, del pescador, del comerciante, de la gente que lo rodea, le sirven para exponer con interés su mensaje.

Por eso, la comparación final es también una invitación a los discípulos a ser creativos, a renovar su lenguaje, a no repetir meramente lo aprendido.

30 JULIO 2020

 

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