DE CAMINO

Mateo 13,18,23

Hoy hemos escuchado, de labios de Jesús, el significado de la parábola del sembrador, que proclamábamos el domingo 12 de julio. Pocas veces tenemos una explicación tan clara. Jesús identifica la semilla con el Reino y señala las actitudes que cada persona va asumiendo frente a ella.

Con mucha frecuencia, y sobretodo en la actualidad, nos lamentamos que los “frutos pastorales” son cada vez más escasos (ausencia de jóvenes en nuestras comunidades,  disminución de vocaciones,…); tenemos la sensación de estar perdidos, de no saber muy bien qué hacer o por dónde ir.

La parábola del sembrador es la dramatización de las diferentes actitudes ante el mensaje de Jesús, La “causa del reino de Dios” no es un paseo triunfal, sino que lleva siempre consigo el sufrimiento y la tribulación. El aparente fracaso, el rechazo del mensaje y la hostilidad a sus mensajeros debe fortalecer el compromiso y y el testimonio.

La parábola marca cuatro categorías de personas: escuchar sin entender (al borde del camino), escucha la palabra y la acepta, pero es inconstante (terreno pedregoso), el que escucha,”pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra” (entre abrojos), y por fin, el que escucha la palabra y la entiende (tierra buena).

En nuestra realidad, cada persona, podemos tomar diferentes actitudes frente a la Palabra y frente al Reino de Dios, podemos pasar fácilmente de un grupo a otro.

La “negación del Reino”, el no querer escuchar y preferir no entender, sería la primera respuesta a la propuesta del Reino,  porque “no la entiende, llega el diablo y le arrebata”. Es fácil arrancar lo que no ha profundizado.

La superficialidad es el segundo tema. Nos gusta lo que dice Jesús, pero no estamos dispuestos a ir más a fondo. No dejamos que eche raíces en nuestro corazón y no modificamos nuestro comportamiento. Inconsciencia, superficialidad y acomodación serían la segunda respuesta a la Palabra.

El tercer grupo: utilizar la Palabra para nuestros fines (“afanes y seducciones”). No es raro que abandonemos la Palabra cuando no responde a nuestros intereses.

Finalmente está la tierra buena que da fruto. Aquí lo importa es la disposición del corazón. El Reino se mide de otra forma. Todos tenemos la experiencia de sentir que la Palabra resuena con fuerza en nuestro corazón y de entregarnos de verdad. El haber degustado esta experiencia, que es nos sentimos más plenos, es lo que nos anima a reforzar nuestras raíces y a querer desterrar del corazón las piedras y las zarzas que no nos dejan ser nosotros mismos.

¿Qué le respondemos a Jesús cuando nos da la explicación de esta parábola?¿Qué tenemos que hacer para dejar que profundice en nosotros la palabra?

24 julio 2020

 

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