LAS CUATRO CERCANÍAS

Aquí me gustaría detenerme un momento para resumir las cuatro “cercanías”, las cuatro actitudes de cercanía de los sacerdotes diocesanos. Estar cerca de Dios en la oración, como he dicho, uno comienza desde el seminario. Estar cerca del obispo, siempre cerca del obispo: sin el obispo la Iglesia no va, sin el obispo el sacerdote puede ser un líder, pero no será sacerdote. Tercera cercanía: estar cerca del presbiterio, entre vosotros. Esto es algo que me hace sufrir, cuando veo presbiterios fragmentados, donde están unos contra otros, o todos son amables, pero luego chismorrean los unos de los otros. Si no hay un presbiterio unido… Eso no significa que no podamos discutir, no, discutimos, intercambiamos ideas, pero la caridad es la que une. Y la cuarta cercanía: la cercanía al pueblo de Dios.

Por favor, no os olvidéis de dónde venís. Pablo decía a Timoteo: “Acuérdate de tu madre y de tu abuela”, es decir, de tus raíces; acuérdate de que te tomaron del rebaño y viniste porque el Señor te eligió. No viniste a hacer la carrera eclesiástica, como se decía una vez, en un estilo literario de otros siglos. Cercanía a Dios, cercanía al obispo, cercanía al presbiterio, entre vosotros, y cercanía al pueblo de Dios. Si falta una de ellas, el sacerdote no funciona y se deslizará lentamente en la perversión del clericalismo o en actitudes de rigidez. Donde hay clericalismo hay corrupción, y donde hay rigidez, bajo la rigidez, hay problemas graves.

Queridos seminaristas, ayer celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción. María resplandece en la Iglesia por su singular vocación vivida en el seguimiento de su Hijo, en humilde y valiente obediencia al plan de amor de Dios. Ella, que estuvo siempre unida a Jesús desde la concepción hasta la muerte en la cruz, os ayude a descubrir cada día el “tesoro”, la “perla preciosa” que es Cristo y su Reino, y a ser anunciadores gozosos de su Evangelio. El seminario es también el tiempo en que se acoge a María como Madre en nuestra propia casa, en nuestra propia vida, como el apóstol Juan. Que ella os acompañe.

Os agradezco vuestra visita. Bendigo vuestro camino, con la intercesión de san Pío X y de los testigos ejemplares que el arzobispo recordó al principio. Rezo por vosotros. Y vosotros también, por favor, rezad por mí. Gracias.

El Papa a los seminaristas de Bolonia

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s