EL SEMINARIO: CASA DE COMUNIÓN

Y pasemos a la tercera dimensión: el seminario como casa de comunión. Este aspecto también es “transversal”, como los otros dos. Parte de una base humana de apertura a los demás, de capacidad de escucha y de diálogo, y está llamada a tomar la forma de comunión sacerdotal en torno al obispo y bajo su guía.

La caridad pastoral del sacerdote no puede ser creíble si no va precedida y acompañada de la fraternidad, primero entre los seminaristas y luego entre los sacerdotes. Una fraternidad cada vez más impregnada de la forma apostólica y enriquecida por las características propias de la “diocesanidad”, es decir, por las características peculiares del pueblo de Dios y de los santos, especialmente de los santos sacerdotes, de una Iglesia particular.

En este contexto, el seminario se califica como un camino que educa a los candidatos a evaluar cada una de sus acciones con referencia a Cristo y a considerar la pertenencia al único presbiterio como dimensión previa de la acción pastoral y testimonio de comunión, indispensables para servir eficazmente al misterio de la Iglesia y de su misión en el mundo.

 

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