EL PAPA, ANTES DEL ÁNGELUS

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Hoy, el primer domingo de Adviento, comienza un nuevo año litúrgico. En estas cuatro semanas de Adviento, la liturgia nos lleva a celebrar la Navidad de Jesús, ya que nos recuerda que Él viene todos los días a nuestras vidas y que regresará gloriosamente al final de los tiempos. Esta certeza nos lleva a mirar hacia el futuro con confianza, como el profeta Isaías nos invita a hacer, con su voz inspirada que acompaña todo el viaje de Adviento.

En la primera lectura de hoy, Isaías profetiza que “al final de los días, la montaña del templo del Señor se fijará en la cima de las montañas y se elevará sobre las colinas; todos los pueblos fluirán hacia él “(2,2). El templo del Señor en Jerusalén se presenta como el punto de convergencia y reunión de todos los pueblos. Después de la Encarnación del Hijo de Dios, Jesús mismo se reveló como el verdadero templo. Por lo tanto, la maravillosa visión de Isaías es una promesa divina y nos insta a asumir una actitud de peregrinación, de un viaje hacia Cristo, el significado y el fin de toda la historia. Cuantos tienen hambre y sed de justicia, solo pueden encontrarla siguiendo los caminos del Señor; mientras que el mal y el pecado provienen del hecho de que los individuos y los grupos sociales prefieren seguir caminos dictados por intereses egoístas, que provocan conflictos y guerras. Adviento es el momento favorable para dar la bienvenida a la venida de Jesús, quien viene como un mensajero de paz para mostrarnos los caminos de Dios.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos exhorta a estar listos para su venida: “Mira, pues, porque no sabes en qué día vendrá tu Señor” (Mt 24,42). Mirar no significa tener los ojos abiertos materialmente, sino tener el corazón libre y orientado en la dirección correcta, es decir, dispuesto a dar y servir. Esto es velar! El sueño del que debemos despertar está constituido por la indiferencia, la vanidad, la incapacidad de establecer relaciones genuinamente humanas, la incapacidad de hacerse cargo del hermano solitario, abandonado o enfermo. Por lo tanto, la expectativa de Jesús que viene debe traducirse en un compromiso de vigilancia. En primer lugar, se trata de maravillarse de la acción de Dios, de sus sorpresas, y de darle la primacía. La vigilancia también significa, concretamente, estar atento a nuestro prójimo en dificultades, ser desafiado por sus necesidades, sin esperar que él o ella nos pida ayuda, sino aprender a prevenir, a anticipar, como Dios siempre hace con nosotros.

María, Virgen vigilante y Madre de la esperanza, nos guía en este viaje, ayudándonos a dirigir nuestra mirada hacia la “montaña del Señor”, imagen de Jesucristo, que atrae a sí mismo a todos los hombres y todos los pueblos.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s